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hubo un salto educativo muy generalizado, incluyendo
en Argentina, entre los años 50 y los
años 70. Posteriormente, y sin duda alguna,
como efecto, en parte de la crisis de la deuda
y lo que significó para los sistemas
sociales, se siguió avanzando pero a
un ritmo mucho más lento, de tal forma
que si uno compara la población de 30
a 49 años de edad hoy con la población
de 50 años o más, hay un gran
salto educativo que en promedio representó
unos casi tres años adicionales de educación.
Sin embargo, si uno compara la población
de 15 a 29 años con la de 30 a 49, la
población que fue educada en los años
80 incluso en parte de los 90, el aumento educativo
es muy pequeño. En el caso de Argentina
de hecho no hay un aumento significativo. Hubo
un salto educativo que fue sucedido por un relativo
estancamiento.
Esto también es evidente cuando uno compara
los niveles de cobertura educativa frente a
nuestros competidores, cuando se compara frente
a los países asiáticos de rápida
industrialización. Cuando se hace una
comparación de los últimos quince
años se ve que la cobertura educativa
en América ha seguido aumentando pero
los otros países avanzan a un ritmo muchísimo
más rápido. Por lo tanto, este
es un tema esencial de la nueva fase. América
Latina tiene que proponerse metas educativas
mucho más ambiciosas, en este contexto,
en cantidad y en calidad, para poder competir
en el mundo moderno.
Pero también hay un efecto adicional
entre las formas de esos sistemas de transformación
productiva que hemos venido experimentando y
la dimensión social que se da por la
vía del empleo, y esta es una transformación
realmente profunda que se ha experimentado en
el mundo entero, pero en América Latina
con mucha intensidad. En esta materia nosotros
hemos venido observando que hay algunos patrones
que son relativamente generalizados y otros
patrones que obedecen a las formas de especialización
que tienen los países. Entre los patrones
generalizados que observamos en América
Latina ha sido la incapacidad de los sistemas
económicos de generar empleo de calidad
y cantidades adecuadas, exactamente lo contrario
de lo que se decía, la crítica
al modelo de desarrollo previo de América
Latina. De hecho, en términos de generación
de empleo es bastante claro que este modelo
ha sido inferior. Eso en parte se debe al lento
crecimiento económico que se ha venido
observando pero también se debe a otros
factores. Por ejemplo, aún en el período
de recuperación de crecimiento económico
observamos una especie de aumento escalonado
del desempleo abierto, como el que se dio en
Argentina en los años 90, como el que
se dio en Colombia, como el que se está
viviendo en toda América del Sur. De
hecho también se dio en Europa en los
años 80, o sea, no es un fenómeno
tampoco exclusivo de la región.
En forma más general, el fenómeno
realmente importante en América Latina,
incluso más que el desempleo abierto,
es el aumento de la informalidad laboral. Siete
de cada diez nuevos empleos que se han generado
en América Latina en los últimos
diez años son de carácter informal,
empleos de baja productividad, de baja calidad.
Y dependiendo del país, en realidad hay
una combinación, ya sea de, aumento del
desempleo, de aumento de la informalidad, o
de ambos. Depende un poco del país como
se da el patrón dominante. Por ejemplo,
Argentina y Colombia son dos países en
los cuales el ajuste de los mercados se da más
por la vía del desempleo abierto. Hay
otros países en los cuales se ha dado
por la vía de la informalidad laboral,
por ejemplo, México o Nicaragua. Hay
otros en los cuales ha habido una combinación
de ambas, como es el caso de Venezuela y Brasil,
que se ha dado en parte a través de la
informalidad y en parte a través del
desempleo abierto.
Este es un elemento preocupante en la forma
de funcionamiento del mercado de trabajo, que
es relativamente generalizado. El otro elemento
que es relativamente generalizado es la tendencia
al aumento de la brecha del diferencial de ingresos
por nivel de calificación de la fuerza
de trabajo. Este es un fenómeno que se
ha dado virtualmente en todos los países
latinoamericanos. También se está
dando en los países industrializados
y se manifiesta en particular en el aumento
en la diferencia de ingresos entre la población
que tiene educación universitaria y la
que no tiene educación universitaria.
Es una nueva fuerza hacia la desigualdad que
ha tenido una importancia decisiva en muchos
países.
A esto también deberíamos agregar
un tercer elemento general que es una mayor
heterogeneidad de las formas de vinculación
laboral. La vinculación laboral de un
trabajo asalariado con perspectiva de carrera,
es un tipo de vinculación laboral que
ha perdido importancia. Actualmente muchas de
las vinculaciones laborales tienen la característica
de ser mucho más precarias, especialmente
en términos de estabilidad.
Al lado de éstas que son relativamente
generales hay otras que son más específicas
de la forma de especialización de los
países. En este documento reciente Globalización
y Desarrollo, encontramos un resultado
que nos parece muy importante resaltar. Encontramos
que en América Latina ha habido esencialmente
tres patrones de especialización que
han tendido a darse en los últimos quince
años. Un patrón que es insertarse
en los sistemas internacionales de producción
integrada, que son básicamente sistemas
de producción industrial en los cuales
ha habido una descomposición de la cadena
de valor. Los países industrializados
tienden a especializarse en la parte del comienzo
y el final del proceso, o sea, en el diseño
de los productos, la tecnología, el diseño
de la organización de la producción
y en la parte final que es la parte de la comercialización,
publicidad, etc. Pero en las tareas intermedias
se ha tendido a exportar cada vez más
lo que conocemos hoy en día como los
sistemas internacionales de producción
integrada.
Hay países entonces, que se han venido
especializando en esas tareas intermedias, muchas
de las cuales son tareas de ensamble de partes
y piezas. Ese patrón es el patrón
de especialización que hoy en día
caracteriza a México y a muchos países
de Centroamérica.
Hay un segundo patrón de especialización
que es esencialmente el que caracteriza a Sudamérica,
en el cuál han tendido a predominar los
productos primarios y las manufacturas, sobre
todo las manufacturas intensivas en recursos
naturales, en el procesamiento de productos
mineros y del petróleo, y en el procesamiento
de productos agrícolas. Ese es el patrón
de especialización sudamericano y se
combina con un comercio interregional que es
mucho más activo de lo que era antes.
Hay un tercer patrón que es de especialización
en servicios que tiende a predominar en algunas
economías del Caribe, fundamentalmente
en la forma de servicios turísticos.
Hay un sector emergente de servicios turísticos
de mayor contenido tecnológico, el núcleo
más importante en América Latina
es el de Brasil.
Entre estos patrones de especialización
es muy claro que el segundo es mucho menos generador
de empleo que los otros dos. Esto es un poco
lo que dice este documento reciente, y tiene
en cierto sentido mucha lógica porque
todos estos productos, materias primas o manufacturas
intensivas en recursos naturales, son productos
cuyo mercado mundial no se expande rápidamente
y por lo tanto, la penetración de los
mercados se da normalmente desplazando competidores.
Por ende, tiene que estar asociado a una política
muy agresiva de reducción de costos y
una de las formas es precisamente la reducción
de empleo. Es un patrón de especialización
que no ha sido muy importante en términos
de generación de empleo. Por eso, los
principales problemas de empleo de América
Latina y el Caribe se dan en Sudamérica,
que es donde predomina este patrón de
especialización.
Como quinto elemento en esta enumeración
de las vinculaciones entre los patrones de especialización,
hay lo que nosotros llamamos en la CEPAL una
creciente heterogeneidad estructural
o, si se quiere, un creciente dualismo en nuestros
países.
Los nuevos patrones de desarrollo han sido,
sin duda, exitosos en crear empresas modernas
capaces de competir internacionalmente, en atraer
inversión extranjera. Hay una modernización
intensiva que se ha dado en todos los sectores
que tienen que ver con el comercio internacional,
en los sectores donde hay inversión extranjera.
Pero en la medida en que esos sectores no han
sido capaces de generar empleo en cantidades
importantes, lo que observamos es que hay una
creciente proporción de la población
que se queda rezagada e insertada en sectores
de baja productividad. Ese fenómeno que
es casi una característica inherente
del subdesarrollo, es un fenómeno que
se ha tendido a acentuar en los últimos
veinte años en América Latina.
Hoy en día tenemos muchas más
empresas de clase mundial capaces de competir
en los mercados internacionales, pero al mismo
tiempo tenemos una proporción creciente
de la fuerza de trabajo no empleada o empleada
en actividades de baja productividad. Esto por
supuesto, ha generado unas tensiones distributivas
adicionales y es adicional a los problemas viejos
que tiene América Latina y que tienen
que ver con la desigualdad, la distribución
de la riqueza, etc., y es lo que explica porqué
más de la mitad de los países
latinoamericanos tienen un deterioro distributivo
en los años noventa adicional al que
hubo en la década del ochenta.
Debo decir que, al lado de esto, ha habido además
algunas transformaciones importantes en las
formas de hacer política social sobre
las cuales quiero hablar más adelante.
El paradigma nuevo vino con una nueva visión
de la política social. Amadeo se refirió
en parte a ese tema; la visión de la
focalización, la visión de la
participación privada, la visión
de la descentralización. Esa visión
nos aportó elementos, como nos ha aportado
elementos la transformación económica
y creo que la tarea que tenemos hacia delante
es precisamente cómo afrontar estos temas.
En síntesis, sobre esta primera parte
de mi exposición, lo que hemos aprendido
en esta década, es que la política
social no puede reducirse a compensar estas
fuerzas económicas. En realidad, es totalmente
incapaz de hacerlo. O sea, la visión
de que uno podía poner en marcha estas
fuerzas económicas y después había
una política social, incluso el que se
manifestaba en un aumento del gasto público
social como el que se dio en América
Latina. Eso no funcionó en términos
de resultados sociales y los resultados que
tenemos especialmente en materia laboral pero
también en materia distributiva; el lento
ritmo de reducción de la pobreza, la
mayor vulnerabilidad social frente a los ciclos
económicos, son realidades muy poderosas,
muy superiores de hecho, a lo que se puede hacer
por la vida de la política social. Por
lo tanto, la pregunta importante es cómo
repensamos a fondo estas relaciones, cómo
ponemos claramente la política social
en el centro de atención del conjunto
de la política para que pueda responder
y pueda generar unos resultados sociales más
favorables.
Sobre esto yo quisiera comenzar por la política
social, haciendo énfasis en que estos
patrones que hemos venido viviendo en los últimos
tiempos han hecho evidentes que los rezagos
sociales se pueden estar convirtiendo en un
gran obstáculo al propio desarrollo económico.
Lo veíamos en materia educativa. Si no
hay un salto importante adicional en materia
educativa en América Latina esto se va
a convertir en un obstáculo al crecimiento.
Pero también, puede uno decir que la
desigualdad y la cohesión social se pueden
estar convirtiendo a través de la incapacidad
de desarrollar sistemas políticos más
estables, en obstáculos al crecimiento
económico de América Latina. Esto
es una realidad importante que uno lo comienza
a ver con mucha fuerza, sobre todo en los últimos
años.
Hemos aprendido que la política social
tiene que transformarse para ser un reto a las
nuevas tensiones sociales que generan los procesos
de transformación productiva que estamos
viviendo y a las propias vulnerabilidades macroeconómicas.
Por lo tanto, esto indica que la política
social tiene que dar un verdadero salto para
poder responder a los desafíos crecientes
que enfrenta y eso implica cuatro palabras claves.
Las claves de la política social son
garantizar el acceso a recursos a la población,
recursos educativos, de créditos y de
tierra. En segundo lugar, protección,
que se ha vuelta cada vez más importante.
Los sistemas económicos que estamos viviendo
hoy en día requieren de unas redes de
protección mucho más desarrolladas,
incluso de las que habíamos visualizado
en la etapa anterior, pero al mismo tiempo esas
redes de protección se han debilitado.
Debe proporcionar capacidades que son políticas
a los sectores sociales y participación,
porque creo que lo que hemos aprendido y está
muy bien captado en este Congreso es que las
fuerzas de la comunidad como actor social, son
impresionantes. Por lo tanto, no es a través
de modelos estatistas sino a través de
modelos que combinen Estado con las fuerzas
de las comunidades.
Las tres áreas críticas son a
nuestro juicio; la educación, el empleo
y la protección social. En educación
tenemos que hacer un nuevo salto, como lo he
venido señalando. En empleo tenemos el
inmenso reto de un largo aprendizaje sobre cómo
lograr tener sistemas que sean más adaptables.
Que le den al trabajador la capacidad de adaptarse
al ciclo económico y adaptarse al cambio
tecnológico, pero no genere la precarización
del empleo que se ha venido operando. Esto genera
una gran cantidad de preguntas acerca de la
forma de combinar flexibilidad con protección
social, lo cual constituye el tema central en
materia de empleo.
Yo prefiero el término de adaptabilidad
a flexibilidad, porque el concepto de flexibilidad
quedó marcado por la flexibilidad en
el despido. Hay áreas en las cuales la
mayor flexibilidad es absolutamente esencial,
es una realidad, y si se trata de impedir igual
ocurre. Pero el problema no es como tal la flexibilidad,
el problema es ver qué modalidades intermedias
se pueden generar para que los trabajadores
vayan pasando de un sector a otro, no se pierdan
empleos en cantidades tan significativas durante
las crisis, o alternativamente se desarrolla
un sistema basado en más flexibilidad
pero también más protección
social, en particular a través de la
forma de seguro de desempleo.
Sobre todo, se encuentra subestimado en América
Latina el inmenso papel del entrenamiento laboral
como una labor mucho más activa del Estado,
para precisamente permitir la readaptación
constante de la fuerza de trabajo.
En materia de protección social, el inmenso
reto que enfrentamos es el reto de hacer viables
financieramente nuestros viejos sistemas de
protección al mismo tiempo que desarrollamos
algunas modalidades de seguro de desempleo o
de ingreso mínimo que parecen ser absolutamente
esenciales para manejar las vulnerabilidades
que tienen los trabajadores hoy en día.
Sobre esto hay muchas preguntas institucionales
relevantes. Yo primero quiero ver cuál
es la modalidad institucional en el aparato
del Estado. Yo creo que lo que hay que tener
es un sistema en el cuál lo económico,
las autoridades económicas estén
firmemente integradas al diseño de la
política social, que las metas sociales
estén en la política económica
misma. Por lo tanto, prefiero una especie de
consejo económico y social conjunto más
que una separación de las autoridades.
Aquí hay muchas preguntas institucionales;
focalización versus universalidad. La
focalización fue en cierto sentido una
falsa representación de los objetivos
de las políticas sociales pero también
descubrieron algo que es muy importante y es
que los recursos públicos ya le llegaban
a los pobres y que eso debe ser medido. Se debe
crear un mecanismo que efectivamente mida cuántos
recursos le llegan a los pobres. Por lo tanto,
más que eliminar el concepto, creo que
hay que visualizar la focalización como
un instrumento de universalidad.
Como un instrumento para facilitar la universalidad
que es la esencia misma de cualquier política
social. Yo creo que la focalización es
un concepto equivocado, el concepto válido
no puede ser otro que la universalidad. Toda
política social tiene que tener como
objetivo la universalidad. Pero sabemos que
en la práctica es muy difícil
llevar la universalidad a través de los
instrumentos tradicionales y en eso la focalización
puede ser un instrumento útil de descubrir
cuáles son las formas de llegar a los
sistemas más pobres para que puedan efectivamente
acceder a sistemas que, en el largo plazo, deben
ser de carácter universal.
El segundo es la discusión del principio
del beneficio versus la solidaridad. Gran parte
de las reformas sociales se hicieron sobre la
base de que quien se beneficia paga. Ese es
un concepto que llevado a su extremo elimina
la solidaridad que es otro de los elementos
fundamentales de la política social.
Por lo tanto, habrá que buscar cuál
es la mezcla del principio del beneficio y la
solidaridad que deben incluir las políticas
sociales.
Dos elementos más es la combinación
pública y privada adecuada. Y más
que pública y privada yo diría,
sobre todo solidaria, comunitaria. Todas las
nuevas formas de las organizaciones sociales,
de las organizaciones filantrópicas que
son bien utilizadas son unos poderosísimos
instrumentos de la política social. Entonces,
cómo es la forma en que se organizan
los distintos actores, cuál es el rol
del Estado en un arreglo heterogéneo
en términos de actores y por último
el grado de integralidad deseable de la propia
política social.
En cualquier caso, lo que hemos aprendido es
que la política social tiene unos rendimientos
más bajos si no tiene un entorno económico
apropiado. Por lo tanto, la pregunta fundamental
que nos tenemos que seguir haciendo porque no
hay respuestas definitivas, es cómo decidimos
sobre el propio desarrollo económico
para que obtenga resultados sociales. En esto
quiero dejarles algunas ideas que hemos venido
trabajando nosotros. La primera es que tenemos
que cambiar la manera de visualizar la macroeconomía
para incluir claramente la palabra irreales,
especialmente la estabilidad del crecimiento
económico como un objetivo explícito
de la política macroeconómica.
Esto tiene que ver con lo que hemos aprendido
acerca de los efectos sociales de los ciclos
económicos.
En la medida en que los ciclos económicos
tengan efectos sociales muy acentuados, la forma
como se pueda reducir la intensidad del ciclo
económico es crítica en términos
sociales. Eso pues, es toda una familia de temas,
pero la visión de que la estabilidad
de precios era el objetivo fundamental de la
política macroeconómica es parte
de lo que ha fallado. Cómo hacemos arreglos
en política económica nacional
e internacional para lograr también,
sin perder la estabilidad de precios, buscar
mayor estabilidad del crecimiento económico,
o sea, la reducción de la intensidad
del ciclo económico es parte de la solución.
Lo segundo es que la estabilidad macroeconómica
aún en el sentido amplio, no es suficiente.
Que se requieren estrategias de desarrollo productivo
en las cuales se incluya explícitamente
el tema de las oportunidades para los sectores
más pobres de la población. Esto
para nosotros significa que las transformaciones
del aparato productivo en general son positivas,
pero no son suficientes, no dan crecimiento
económico, no dan empleo de calidad.
Por lo tanto, la incidencia sobre el aparato
productivo para generar estrategias de desarrollo
a nivel nacional, a nivel regional, para poder
lograr la transformación productiva dinámica
es más importante. A nuestro juicio,
esa transformación productiva no puede
hacerse a costa de la integración a la
economía mundial. Tiene que hacerse con
integración a la economía mundial
y por lo tanto, la tarea fundamental no es volver
a formas de proteccionismo sino a cómo
se logra un mayor encadenamiento del conjunto
de los aparatos productivos nacionales y del
conjunto de la población a los sectores
exitosos en los mercados internacionales. Por
eso decimos las políticas de encadenamiento,
o sea, cómo se encadenan los sectores
exitosos con el resto de la economía
es el problema fundamental. Dentro de ese tema
la tarea esencial es cómo se logran integrar
el conjunto de empresas pequeñas que
participen en redes productivas en las cuales
se trata de impulsar más actividad económica
a través de los sectores que son exitosos
en los mercados internacionales.
El tercer tema, es cómo se hace compatible
flexibilidad y equidad. No hay la menor duda
de que los sistemas económicos de hoy
requieren más flexibilidad o adaptabilidad.
Cómo se hace eso y al mismo tiempo equidad
es uno de los grandes temas pendientes. Ciertamente,
la forma de hacerlo a través de pura
flexibilización laboral no ha dado resultados
en términos de equidad pero también
la forma de proteger a ultranza las viejas relaciones
laborales tampoco da resultados positivos en
términos de la combinación óptima
de flexibilidad y equidad.
Por último, yo he venido utilizando un
concepto derivado de la literatura feminista
que es el concepto de visibilidad.
Yo creo que una de las grandes cosas que hay
que avanzar para articular lo económico
con lo social es darle visibilidad a los efectos
sociales de las políticas económicas.
Creo que algunas de las cosas que se podrían
hacer es, por ejemplo, que los bancos centrales
cuando adopten políticas monetarias o
políticas cambiarias se vean obligados
a anunciar públicamente cuál es
el efecto social previsible de lo que se está
haciendo. Que los Congresos cuando aprueban
reformas tributarias y los gobiernos presentan
proyectos de reforma tributaria digan cuál
es el efecto distributivo que tiene esa reforma.
Eso debe converger en el largo plazo en incluir
metas estrictamente sociales dentro de la propia
política macroeconómica. Hay muchos
economistas de alta reputación que, por
ejemplo, han venido señalando de forma
muy enfática que en un plazo prudente
tendríamos que tener metas de pobreza,
de niveles de pobreza como objetivo de la política
económica, no solamente de las políticas
sociales. Esos son pasos de visiones de futuro
porque en el corto plazo hay que comenzar por
que las autoridades económicas sepan
cuál es el efecto social de lo que están
haciendo. Eso es lo que yo llamo el concepto
de visibilidad. Ese es el punto
de partida de esto.
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