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Coordinador:
Roberto Martínez Nogueira
José Luis Coraggio
Aldo Isuani
Juan José Llach
Claudio Lozano
Eduardo Amadeo
José Luis Coraggio

El tema que nos convoca en este
panel es Estrategias de articulación
de las políticas sociales. Si es
estrategia no puede ser práctica, pero
no puede dejar de lado la táctica. Tenemos
que hablar del presente, de la emergencia, pero
también tenemos que hablar del país
futuro que queremos. Son inseparables estas
dos consideraciones. Y hemos sido durante mucho
tiempo despojados de la posibilidad de pensar
en un país futuro, en nombre de un realismo
que nos decía que las cosas no podían
ser de otra manera. Entonces, bienvenida la
posibilidad de hablar de estrategia y no meramente
de táctica. Pero no veo cómo vamos
a llegar a cambiar este país si no le
vamos dando respuestas distintas a la coyuntura
y a las emergencias de todos los días.
Cómo podemos hacerlo si no leemos de
otra manera los indicadores coyunturales y si
no salimos de ese círculo vicioso de
que la realidad indica que no hay otra respuesta
y que hay que atender a la emergencia, y una
sucesión de improvisaciones y errores
o, a veces, no tanto errores, nos va llevando
cada vez más lejos de la posibilidad
de tener otra respuesta.
Sin duda, que ante el tema va a haber muchas
opciones, no puede haber una sola y de ahí
el pluralismo bienvenido, pero voy a tomar posición
con respecto a esto. Una estrategia no puede
ser una improvisación y además
su sentido debe ser explicitado, sacando al
uso consecuencias inmediatas y estructurales.
Tiene que situarse en el campo de fuerzas, no
puede ser un puro discurso de modelos o de lo
que deberíamos hacer.
Yo lo voy a presentar un poco dramáticamente
porque no hay tiempo para hacerlo con mucho
matiz. Yo diría, estamos en un país
que hoy está bloqueado, que está
ocupado, que está extranjerizado, al
nivel de ser ejemplar por el grado de extranjerización
de su economía, y casi diría yo,
de su voluntad política. Esto es resultado
o del designio o del error de actores nacionales,
políticos, tecnocráticos y también
de algo que está pasando en el sistema
global, sin ninguna duda. No podemos pensar
cómo hacemos hoy para usar eficientemente
los magros recursos de la política social,
sin pensar que este país ha sido saqueado,
y que sigue, continua queriendo ser saqueado.
Hay quienes quieren seguir saqueando al país.
En términos de una deuda infinita, nunca
legitimada, nunca analizada efectivamente para
ver qué parte de esa deuda tenemos que
asumir y qué parte no.
Además, con la dificultad de un sistema
global sin justicia global, porque el sistema
interestatal se ha desbalanceado. Si antes no
había, ahora hay mucha menos. Hoy tenemos
una potencia hegemónica, y que ya deja
de ser hegemónica y que cada vez más
es dominante militarmente, económicamente
y creo cada vez menos, ideológicamente.
Hay un sistema global desbalanceado. Hay una
voracidad del capital financiero y monopólico,
y de los estados del Norte que codician a ese
capital y le temen, y que parece no tener límites.
Hay una voracidad de la acumulación de
poder de las elites que se manejan como profesionales
del poder político. Estos son datos del
contexto. No podemos ponernos a hablar de qué
hacemos con la pobreza, con la indigencia, sin
tener en cuenta esto. Todo esto podrá
ser discutible, pero también tenemos
que hablar de esto.
¿Cuál es el fondo? ¿Llegamos
al fondo? ¿Cuándo llegamos al
fondo de esto, cuándo tocamos el piso?
Parece que nunca se llegara al fondo. Yo creo
que el fondo no existe como fondo físico,
sino que es un fondo que lo definimos nosotros.
Habremos llegado al fondo cuando hayamos decidido
que volvemos a tomar en nuestras manos soberanamente
el destino de este país. Cuando volvemos
a pensar en serio, con lo nuestro, desde lo
nuestro, desde nuestra problemática,
desde nuestra cultura, cómo nos ubicamos
en América Latina en primer lugar, y
cómo nos ubicamos con respecto al mundo.
Las respuestas no pueden ser instantáneas
y no pueden estar escritas en ningún
libro, porque tiene que ser una construcción
social. Todos podemos aportar a eso. Y tampoco
van a ser rápidas, porque el proceso
de destrucción de la Argentina ha sido
de tal gravedad y tal profundidad que no se
puede esperar que esto se revierta instantáneamente.
Entonces, la política social debe tener,
(y me parece extraordinario que hayan puesto
la palabra estrategia), una visión
de largo plazo. Tiene que tener tiempos. Pero
tampoco se le puede pedir a la gente que espere
diez años. Tiene que haber inmediatamente
resultados y eso tiene que ver, en buena medida,
con redistribución de lo que ya tenemos,
de la riqueza y del ingreso. Y no sólo
del ingreso sino también de las propiedades.
La promesa de que otro mundo es posible, tenemos
que afirmarla. Tenemos que negar ese realismo
que dice éste es el único mundo
posible. Ser hoy realista es decir que esta
realidad tiene otras posibilidades que las podemos
desarrollar. Pero tenemos que mostrar y dar
ya resultados de mejoría en las condiciones
de vida, en la calidad de vida, en la calidad
de la democracia de este país.
Se ha mencionado ya, no voy a desarrollar esto,
y creo que todos lo conocemos, que hemos pasado
por el dominio o la hegemonía de un paradigma
de política social orientada hacia el
alivio de la pobreza, y hoy, ya ni siquiera
es el alivio de la pobreza sino que es el alivio
de la indigencia. Ha sido subordinada a la política
económica, a una política económica
signada por intereses económicos concretos
y por una estrategia económica concreta.
No es la libre expresión de una ciencia
objetiva sino que ha sido el resultado de un
campo de intereses. Esta política ha
subordinado a la política social al fiscalismo,
al ajuste. Se han introducido términos
nuevos como la costo- eficiencia
que es una manera disfrazada de decir que vamos
a bajar las metas y tratar de lograrlas al menor
costo público posible. Es decir, cuanto
más costo asuma la sociedad, tanto mejor.
No va a ser el Estado quien se haga cargo y
garante ya de los derechos de los ciudadanos,
sino cómo fijar políticas mínimas,
cuantificables, donde de la calidad vamos a
hablar un montón pero nunca la vamos
a establecer realmente. Entonces vamos a seguir
pensando que la educación es un problema
de accesibilidad, cuando es un problema de calidad,
sobre todo en nuestro país, y de vinculación
de esa educación con ese futuro de país
al cual queremos llegar.
Como el Dr. Olivera planteara en el Plan Fénix,
es clave salir de los círculos viciosos
de desequilibrio en la cual se haya esta economía
y que haya una inversión fuerte en bienes
públicos. Y esto incluye mucho de los
bienes y servicios que llamamos políticas
sociales. Lo que va a competir en el mundo,
si realmente nos queremos inscribir en él,
van a ser sociedades, no empresas. Y desde ese
punto de vista, qué sociedad construyamos
va a determinar qué clase de posición
vamos a tener en ese sistema mundial.
Se habla de articulación. Hay que articular
desde arriba y hay que articular desde abajo.
Desde arriba, tenemos un serio problema. El
Estado mismo está fragmentado. Hablamos
mucho de la sociedad fragmentada, pero el Estado
es incoherente y está fragmentado. Basta
con tener alguna participación en la
gestión en alguna parte de este Estado.
Ver cómo hay pugnas en el interior, cómo
hay incapacidad incluso de implementar las mismas
políticas que se plantean. En esto han
jugado un papel responsable los organismos internacionales
que han tendido a crear ministerios dentro de
los ministerios con sus programas especiales
y también la burocracia y la tendencia
a resistirse al cambio dentro del Estado. El
Estado mismo, si es que vamos a articular, tiene
que articularse. Los ministerios tiene que articularse
entre sí. Esta es una dimensión
que no es creo, la principal, pero que es importante.
Es importante que haya articulación entre
los niveles del Estado, entre el nacional, el
provincial y los municipales. No puede ser que
se bajen políticas, que se rechacen políticas
y que no se articulen realmente las políticas
del Estado. Es necesario que el Estado asuma
un cambio de paradigma. No alivio a la pobreza
o la indigencia, no contención en el
sentido de control, sino desarrollo. Desarrollo
es lo que necesitamos. Necesitamos volver a
pensar en términos de desarrollo y para
eso hace falta un Estado fuerte. Pero un Estado
fuerte es un Estado democrático, que
represente. Y esto implica que el sistema de
representación política y social
en Argentina tiene un gran problema y este es
un problema de los que quieren hacer política
social de otra manera. Porque quién va
a definir las políticas, cómo
se van a definir las políticas es un
tema fundamental.
Hay que articular desde abajo. No puede haber
una articulación significativa de las
políticas sociales si no hay participación
real de la sociedad, de todos los sectores sociales,
económicos, políticos en esta
búsqueda. Es necesario que se expliciten
los intereses en una esfera pública.
No que se hagan transparentes sino visibles,
porque transparentes después se vuelven
invisibles. Que se hagan evidentes y que disputen
la legitimidad. Que la sociedad pueda decidir
si el interés es legítimo o no.
Es necesario para eso que haya más democracia,
que haya más participación.
Cuando hoy las empresas privatizadas dicen que
no pueden seguir adelante si no les aumentan
las tarifas, si no les reducen el peso de la
deuda que han acumulado, etc., y sentimos que
el Estado piensa que esto es realista, que es
razonable y se ve que se está tratando
de resolver este problema real, tenemos que
oír también que las familias de
la mitad de la población argentina están
diciendo que no pueden sobrevivir con este precio
del salario, con esta falta de ingreso. Y ese
mensaje está ahí todos los días
pero se piensa que si se revisan los salarios
eso va a generar hiperinflación. Pero
si se revisan las tarifas eso no va a generar
hiperinflación.
Hay una inversión de las prioridades
aunque hablemos mucho de lo social. Es en el
campo democrático donde se expresan todos
los intereses y todas las fuerzas sociales,
donde se van a invertir las prioridades. Las
familias, los hogares, el pueblo, no la gente,
va a tener que tener prioridad por sobre el
capital. Creo que estos términos tenemos
que volver a recuperarlos porque algo tienen
que ver con lo que nos está pasando.
En este problema de las estrategias para articular
las políticas llamadas sociales, este
no es un problema técnico. Tiene dimensiones
técnicas pero es un problema de poder.
Es un problema de lucha contra esa visión
de que toda actividad humana se va a organizar
mejor si se organiza como negocio, con el principio
del lucro. Bien se dijo acá predominado
el principio del mercado total y esto está
perdiendo hegemonía, por suerte, pero
debe ser reemplazado por una visión distinta
de cuál es la mejor manera de organizar
las actividades sociales.
Nosotros creemos que las nuevas políticas
sociales tienen que ser construidas socialmente.
Tiene que ser una construcción social,
dialógica, participativa, donde en el
mismo proceso se tienen que constituir los sujetos
sociales que sustenten esas políticas.
Las políticas sociales deben ser, cada
vez más, a mi juicio, políticas
socioeconómicas. Bien se dijo acá,
relación entre política económica
y política social. Están interpenetradas.
La competitividad en los mercados de bienes
y servicios va a depender de lo que pase con
la sociedad. Se convierte en un obstáculo
incluso para esa competitividad, que tengamos
una sociedad fragmentada, polarizada. Entonces,
tienen que ser políticas socioeconómicas.
Políticas que producen otra sociedad
y otra economía a la vez, y no que compensan
lo que esa economía llamada real
produce.
Tenemos que cuestionar la separación
entre economía, sociedad y política.
Tenemos que recuperar entonces, el concepto
de economía política y de economía
social. Los dos son importantes. En lugar de
hablar de la economía como
se ha venido haciendo con el pensamiento único.
Vamos a cuestionar la cientificidad, la corrección
y la autenticidad de esa pretendida separación
entre economía, sociedad y política.
Es necesario que la racionalidad instrumental
y el pragmatismo que ha estado jugando un rol
tan importante, que incluso se ha metido en
el sentido común de la gente y, es por
momentos, un obstáculo pero es también
un recurso porque la gente quiere resolver sus
necesidades y sobre eso es que hay que construir
también las nuevas alternativas. Es necesario
que esta racionalidad sea sustituida o subordinada
a una racionalidad sustantiva. No es posible
justificar acciones para lograr objetivos que
destruyan las condiciones básicas de
vida de esta sociedad.
Es necesario cambiar las ideas, es necesario
una lucha cultural porque el sentido común
ha sido introyectado de los valores del mercado
y sobre esto hay que trabajar. Toda economía
es moral. Lo que pasa es que los valores de
la economía centrada en la competencia,
el egoísmo y el lucro no conducen como
decía Adam Smith al bienestar social
y a la grandeza de las naciones sino que están
conduciendo a esto que estamos dramáticamente
viviendo en la Argentina. Hay que hacer también
una lucha cultural, una lucha de valores para
construir esa economía.
Hay un ejemplo que quiero tomar rápidamente
para ver cómo se puede articular. Porque
aquí se trata de una estrategia que permita
utilizar y ver como recursos una serie de oportunidades
que se van dando por las decisiones que se van
tomando, mientras vamos construyendo otra cosa.
Se ha lanzado una política de jefes de
hogar, de distribución de 150 pesos que
está lejísimo de la propuesta
del FRENAPO a la cual yo me adhiero. Es otra
propuesta, de otro nivel, que fija otro piso.
Es probar esa dirección de dar un ingreso.
Sin embargo, rápidamente empieza a aparecer
el negocio como posibilidad. Se está
hablando de convertirla en una tarjeta de débito
en lugar de que la gente cobre en efectivo.
Tarjeta de débito quiere decir que pasa
por los bancos otra vez. Tarjeta de débito
quiere decir que hay que ir a comprar a los
hipermercados. Tarjeta de débito quiere
decir que esa inyección de 1000 millones
de pesos que se va a hacer de acá a fin
de año va a terminar rápidamente
en ganancias que tienden a salir del país.
Tenemos que hacer que esos recursos tengan un
efecto multiplicador y generen empleo y para
eso la gente tiene que tener el dinero en las
manos y poder comprar donde quiera.
Nosotros venimos planteando que hay que desarrollar
un sector de economía social y solidaria.
Un sector con otras relaciones de trabajo, con
otras relaciones de producción. Los países
más desarrollados del mundo tienen un
fuerte sector de economía social, que
no es el Tercer Sector. Estamos hablando de
un sector económico, eficiente, que gestiona
las necesidades de la gente de otra manera,
que trabaja participativamente, que se vincula
con las comunidades, que construye comunidades
de otra forma.
Es un sector de cooperativas.
La Central Única de Trabajadores de Brasil
tiene un programa de desarrollo de cooperativas
porque advertidos que este sistema no va a reintegrar
a través del empleo y mucho menos del
empleo de buena calidad. Esto es una meta casi
inviable mientras no se cambien otras cosas
más profundas. Esto requiere una dimensión
de desarrollo local, de participación,
de democratización de los gobiernos locales.
Ahí están los espacios, se han
creado los Consejos Consultivos pero vayan a
ver ustedes lo que pasa en los Consejos Consultivos
de implementación de este plan. Se ha
dicho va a haber transparencia pero de pronto
aparecen una cantidad de planes que no se sabe
de dónde aparecieron. Tenemos que ir
como parte de la sociedad a vigilar esto, incluso
que se cumplan las mismas promesas que se hicieron
y que se aumente la apuesta si es necesario.
Como digo, salida genial a todo esto no hay,
pero sin embargo, nosotros tenemos que producir
ideas, producir propuestas, que sean puestas
a discusión democráticamente.
La universidad tiene una gran responsabilidad
en esto. Se ha hablado de autoridad y como los
antropólogos diferencian, autoridad no
es lo mismo que poder. Autoridad se tiene cuando
se es legítimo y desde ese punto de vista
es fundamental ver la relación entre
otra sociedad, otra economía, otra política
y otra manera de ser representante en este país.
Aldo Isuani
Yo también
celebro esta decisión de la Universidad
de Quilmes y de la Asociación Argentina
de Políticas Sociales de reunirnos y
discutir. El tiempo no es muy largo y dado la
premura que todos tenemos, quiero concentrarme
en tres temas.
El primer punto que quiero plantear como tesis
es que la política social argentina no
ha tomado nota del monumental cambio económico,
social y político que ha vivido la república.
En un país con un cuarto de su población
desocupada, otro cuarto subocupada, 2 de cada
3 trabajadores en el sector informal o desocupado,
los 60.000 millones de pesos que se estima que
gasta la política social argentina todos
los años no tiene prácticamente
nada que ver con esta problemática. La
política social argentina sigue anclada
en el mundo del pasado donde cada uno vivía
de su trabajo y era lógico entonces,
que la seguridad social para los trabajadores
formales, que el grueso de los recursos para
jubilaciones y pensiones fuera la lógica
de estructuración de la política
social. Pero esa Argentina no existe más
y es muy difícil que regrese en la forma
que la conocimos.
Entonces, como primer punto, lo que tenemos
como política social no tiene nada que
ver con la realidad política, económica
y social.
En segundo punto, la política social
se ha estructurado siempre sobre tres principios.
Está el principio de la discrecionalidad,
por el cual el que da no tiene obligación
de dar y el que recibe no tiene derecho a recibir.
El asistencialismo.
Un segundo principio es el principio de la contribución.
Accede al beneficio quien participa de su financiamiento,
quien contribuye al beneficio.
El tercer principio es el principio de la ciudadanía.
Es beneficiario de la política social
aquél habitante de un país en
su carácter de ciudadano y se financia
con recursos generales de esa sociedad.
La segunda tesis es que la política social
argentina no ha tenido capacidad de estructurarse
sobre el concepto de ciudadanía en los
últimos 100 años de su historia
y se ha basado básicamente en el pilar
asistencial y en el pilar contributivo. Esto
ha deformado la óptica de la política
social al punto de que no es posible pensar
programas sociales que no tengan que ver con
contribuciones de los pocos trabajadores formales
que van quedando o con recursos del estado asignados
discrecionalmente. Quien da tiene que hacer
notar que da y quien recibe tiene que ver de
qué mano recibe. No es posible pensar
un sistema universal en el cual el derecho simplemente
esté basado en el concepto de ciudadanía.
Esto ha sido muy claro con los programas de
combate a la pobreza. ¿Quién es
pobre? ¿Cómo sabemos que alguien
es pobre? Por el color de la tez, de la cara,
por sus ojos, por donde vive. Como no es posible
identificar al pobre esto se transforma en un
ejercicio discrecional. Quien entrega un servicio
dice quién es el pobre y quién
no lo es. Entonces, como siempre, la política
contra la pobreza ha terminado dando algunas
cosas pobres para algunos pobres entre los pobres.
Algo similar es el riesgo del actual Programa
de Jefes y Jefas de Hogar. ¿Quién
es desocupado? En una economía donde
solamente los que en principio quedan descartados
para este programa son los trabajadores del
sector formal. Cualquiera de los dos tercios
de aquellos trabajadores que no son trabajadores
formales puede en principio solicitar el beneficio.
Inclusive más, las esposas de los trabajadores
del sector formal también pueden presentarse
si lo quisieran porque el Anses no tiene los
nombres y los documentos de los chicos hijos
de los trabajadores del sector formal.
En conclusión, si yo asigno un millón
de subsidios, por más de que el valor
sea escaso, pero lo hago a uno de cada 8 o 7
o 9 potenciales beneficiarios, nuevamente tengo
que introducir el concepto de discrecionalidad.
Algunos recibirán y otros no recibirán.
El problema aquí es lo que está
sucediendo en otros programas como en Brasil
o en México donde termina creando disgregación
en la base social y comienza a incentivar la
lucha de pobre contra pobre.
El tercer punto, es porqué es posible
tener una política social que no se haya
estructurado sobre el concepto de ciudadanía
con la única excepción del sistema
educativo argentino, que fue el único
que por razones de integración nacional
a comienzos de siglo, tuvo como base ideológica
un servicio público, gratuito, abierto
al conjunto de los habitantes.
La respuesta a esta pregunta es que la naturaleza
fragmentaria de la sociedad argentina, que hoy
ha llegado a un punto álgido, pero que
no es nuevo. La prevalencia de las micro solidaridades,
la vida entregamos por nuestros amigos, por
nuestras familias, pero de esa puerta para afuera
son todos potenciales enemigos y lo vemos y
lo demostramos en la forma como conducimos en
las calles y carreteras de nuestro país.
Lo público no es lo común. Lo
público es lo ajeno. Y la incivilidad
que demostramos frente a los otros no condice
con una sociedad integrada. La falta de actores
políticos y sociales de dimensión
nacional es la razón para la falta de
un concepto de ciudadanía que estructure
a las políticas sociales.
Esto es claro hoy día, pero agudiza fenómenos
anteriores. Los partidos tradicionales argentinos
son confederaciones de partidos. Las provincias
emiten moneda como antes de la organización
nacional. Los sistemas de educación y
salud están descentralizados. Falta convertir
a las policías provinciales en fuerzas
armadas y abrir una agencia de relaciones exteriores
para completar la confederación.
En un contexto de desintegración social
y territorial no hay política social,
no hay política económica, no
hay solución de la anomia, no hay fortalecimiento
del Estado, no hay estrategia de crecimiento
económico. Sin la construcción
de organizaciones políticas y sociales
de dimensión nacional, no conjuntos de
bandas provinciales. Con proyectos centrados
en el bienestar colectivo, sin fuerzas nacionales,
con el interés colectivo como norte,
no hay solución desde un punto de vista
igualitario, libertario y democrático,
para los problemas argentinos.
Y aquí el rol de quienes estamos en el
campo intelectual. Sin un debate, sin ideas
aportadas por la universidad, por sus intelectuales,
es muy poco probable que la sociedad entienda
los problemas que tiene.
¿Cuál es la Argentina verdadera?
¿La de los primeros años de la
Convertibilidad o la de hoy? ¿La de la
tablita de Martínez de Hoz o la de la
hiperinflación? Las diferencias entre
quienes somos y quienes creemos que somos es
un problema muy serio en el país. Y quien
no entiende porqué le pasa las cosas
que le pasan, se vuelve loco. Y esto le puede
pasar a las sociedades. La tarea de discutir,
de producir, de debatir proponiendo, tiene que
ser una práctica creciente entre nosotros
los intelectuales. Basta ya de esa lejanía,
de esa crítica constante que no se compromete
y que nos caracteriza. Es hora que la universidad,
que los intelectuales, den un debate diagnóstico
y propositivo porque es, sino la única,
la principal fuerza que puede agregar un poco
de luz al entendimiento y al cambio de nuestra
sociedad.

Juan Jose Llach
Les voy a hablar
con mucha franqueza, aún a riesgo de
arrancar muchos silbidos más bien que
aplausos, pero creo que la obligación
que todos tenemos es la de decir la verdad y
yo les voy a decir mi verdad.
En primer lugar, si nosotros distinguimos entre
lo que son políticas asistenciales o
compensatorias por un lado, y por otro lado,
lo que son políticas estructurales o
más bien sistemas; el sistema de educación,
el sistema de salud y el sistema de seguridad
social, en un sentido amplio, vamos a ver que,
lamentablemente hay algunas condiciones de tipo
económico que cuanto mejor se den esas
condiciones, mejor en principio van a poder
funcionar las sistemas o las políticas
estructurales y menos necesarias van a ser las
políticas compensatorias.
Como estamos en medio de una crisis económica
de una gravedad extrema yo voy a hacer referencia
a tres factores económico condicionantes
para que haya más recursos para los sistemas
de política social y haya menos necesidad
de políticas compensatorias. Tres factores
en los cuales evidentemente hemos fracasado.
El primero es el crecimiento económico
en un sentido de largo plazo. La Argentina es
un caso evidente de fracaso en materia de crecimiento
económico. Cualquiera sea el indicador
que nosotros tomemos vamos a observarlo como
tendencia a largo plazo. A pesar de las imágenes
y de las preguntas que hoy circulan, en realidad
hay sólo dos momentos del tiempo donde
la Argentina pudo crecer más que el mundo,
o sea, no perder posiciones en el mundo. Fueron
muy levemente en la década del sesenta
y un poco más en la década del
noventa. El problema es que por alguna razón
no fuimos capaces de que eso fuera sostenible.
Una de las razones es que la Argentina ha carecido
de una estrategia de crecimiento económico.
Yo creo que en ese sentido la crítica
que se hace al pensamiento único es verdad.
La crítica que se hace al consenso de
Washington también es verdad porque hay
una cantidad de aspectos de lo que es una estrategia
de crecimiento económico que la Argentina
ha carecido.
El segundo punto es la macroeconomía.
La macroeconomía es el ciclo económico.
El crecimiento tiene que ver con la tendencia
a largo plazo de la economía. Este es
un fracaso aún más grave que el
anterior. Yo diría que la Argentina en
parte fracasó en materia de crecimiento
por tener una muy mala macroeconomía.
Si uno revisa nada más las últimas
tres décadas de la Argentina, se va a
encontrar de manera casi matemática que
cada cinco años hay una gran crisis macroeconómica
donde todo se viene abajo, empezando por las
políticas sociales. Desde el Rodrigazo
hasta esta tremenda crisis que tenemos ahora,
han ocurrido estas violentas caídas del
producto, que son tremendamente generadoras
de pobreza.
En muchas épocas de la Argentina se estuvo
asociado además, a la hiperinflación.
Esto lo quiero mencionar porque a mí
me preocupa profundamente el tema de la hiperinflación.
Yo creo que en la década del noventa,
sobre todo en la primera mitad, tuvimos una
política macroeconómica medianamente
aceptable. No se hizo lo necesario para que
pudiera durar. Podrá ser polémico
o no si había que salir de la Convertibilidad
pero la manera como se ha salido de la Convertibilidad
yo creo que ha sido profundamente equivocada
y tenemos ahora el principal enemigo de los
pobres que es la inflación, plenamente
instalado en la Argentina. Creo que lo primero
que tendría que hacer la Argentina hoy,
y no postergarlo para más adelante, para
atender el problema de la pobreza, es atacar
de manera decidida la cuestión de la
inflación. Sobre esto no puede haber
la menor duda.
Si uno ve cuáles son los factores comunes
de estas grandes crisis macroeconómicas
de la Argentina, lamento decirles que el problema
no son los regímenes monetarios o los
regímenes cambiarios. El problema no
es si tenemos convertibilidad o si tenemos flotación
cambiaria.
El problema es, y siempre
lo fue, que no hemos sido capaces de manejar
nuestras finanzas públicas. La Argentina
no ha sido capaz de manejar responsablemente
sus finanzas públicas. Cuando pudo financió
con endeudamiento excesivo y cuando no pudo,
como ahora, financió con emisión
monetaria. No nos podemos olvidar al hablar
de políticas sociales, que la Argentina
es el país récord del siglo XX
en materia de inflación crónica.
No podemos olvidar esto porque si lo olvidamos
no vamos a ir por el buen camino.
El tercer punto es la cuestión impositiva,
sobre la cual hubo algunos progresos, pero ciertamente
muy parciales. En la medida en que no exista
un sistema impositivo más progresivo
que el que tiene la Argentina hoy, también
las políticas sociales van a correr por
atrás de los acontecimientos. Hubo avances,
desde el 1% o 1.5% del producto bruto que recaudaba
Ganancias llegamos al 3.5% o 4%, entre Impuestos
a las Ganancias e Impuestos al Patrimonio, pero
deberíamos estar en 8%. Esto es lo que
razonablemente países comparables a la
Argentina recaudan en función de Ganancias
y Patrimonio.
Al respecto, quiero hacer alusión a la
cuestión federal, que mencionó
muy correctamente Aldo Isuani. Yo creo que tenemos
que hacer un gran esfuerzo por superar las etiquetas.
Creo que en la medida en que usemos las etiquetas
vamos a ir por muy mal camino en materia de
políticas económicas y también
en materia de políticas sociales.
La Argentina es un país federal, con
riesgo de ser una federación. Pero para
ser un país federal hay que serlo de
manera consecuente. Y para ser un país
federal consecuente el que tiene responsabilidad
de gastar tiene que tener responsabilidad de
recaudar. Cualquiera de nosotros sabe que si
el que gasta no tiene responsabilidad de recaudar
lo va a hacer con irresponsabilidad y lo va
a hacer, además, con muy poca eficiencia.
Entonces, uno de los grandes cambios que tiene
que hacer la Argentina para mejorar de raíz
ese problema de incapacidad de manejar bien
las finanzas públicas y para construir
las comunidades locales, porque este país
no se va a arreglar hasta tanto el poder realmente
no se reconstruya de abajo para arriba.
Pero reconstruir el poder de abajo para arriba
significa empezar por darle a los de abajo,
en este caso concretamente a las provincias,
no la responsabilidad sino la obligación
de recaudar. ¿Cómo se puede pretender
que la AFIP esté en condiciones de saber
cuáles son las lavanderías de
Catamarca que funcionan o que no funcionan?
¿ O cuáles son los señores
de Entre Ríos que han comprado autos
último delo etc, etc? Tenemos que hacer
un cambio muy profundo en materia de política
tributaria en la Argentina y tenemos que reconstruir
la democracia en el sentido de que cuando la
gente vote sepa que si se está proponiendo
aumentar el gasto público alguien va
a tener que pagar el impuesto y que se diga
quién va a tener que pagar los impuestos.
Para eso hay que devolver el poder de recaudar
a las provincias.
Ahora voy a hacer referencia a un punto que
en realidad no es económico. Es social
en un sentido amplio, aunque tiene una inmensa
relevancia económica. Me refiero a la
educación.
La educación yo la incluiría como
la cuarta condición junto al crecimiento,
junto a la buena macroeconomía y junto
a un buen sistema impositivo. Cuanto mejor funcione
la educación va a hacer que funcionen
mejor los sistemas y que sean menos necesarias
las políticas compensatorias. En esto
tenemos evidentemente un enorme déficit.
Me quiero detener sobre todo y, quizás
para que una frustración personal se
convierta en algo que tenga alguna utilidad
social, en cómo se consigue tener una
buena política educativa. Porque la educación
es algo que a la hora de los discursos uno ve
que todos los candidatos o los gobernantes hablan
de la educación, sin embargo, en la agenda
cotidiana, concreta de los gobernantes a la
educación se le dedica alrededor del
2% al 3% del tiempo. No es un problema nuevo.
Sarmiento tiene textos exquisitos a este respecto
cuando le escribe a M. Mann y le dice que los
políticos no lo entienden. ¿Y
porqué no lo entienden? No lo entienden
porque hacer un cambio en materia educativa
tiene réditos a cinco y diez años.
Son réditos de mediano y largo plazo.
....llegué a un diseño de lo que
era un programa de escuelas prioritarias. Esto
no tenía nada que ver ni con los bouchers,
ni con las escuelas charters, ni con nada de
eso. Era una idea muy sencilla y muy elemental
que partía por un lado, de asignar recursos
específicos a la educación, como
yo creo que los deberían tener la mayor
parte de las políticas sociales para
que no se les meta mano, y partía de
la idea de que la escuela debe tener un proyecto
institucional propio, que tiene que tener directores
de carrera bien concursados, que sea un proyecto
que se explique claramente, que pueda ser conocido
por los padres. En fin, el tipo de escuela que
a cualquiera de nosotros le gustaría
para poder mandar a sus hijos. Y que además
proponía asignar un 50% más de
recursos a las escuelas a las cuales asistían
estos chicos, porque en la Argentina hay escuelas
pobres para los pobres y escuelas ricos para
los ricos, y no hablo de las escuelas privadas
sino de las de gestión estatal. De lo
contrario seguirá siendo un verso esto
de que la educación es la gran herramienta
para la construcción de una sociedad
educativa.
Este proyecto fue petardeado de todos los costados
y yo les digo que espero de todo corazón
que haya sido petardeado porque yo era el portador.
Porque yo creo que si no nos abrimos la mente
y tratamos de superar los esquemas, de ir a
las realidades, sinceramente creo que no vamos
a encontrar los caminos para construir en la
Argentina una sociedad muy equitativa. Careció
de apoyo político desde el gobierno nacional
pero no fue cuestión de un partido, aunque
debo decir que algunas personas del gobierno
nacional lo apoyaban. Tuvo duras críticas
en el seno del Consejo Federal donde predominaban
provincias justicialistas. Yo veo hoy con gran
pena, con gran dolor, cómo algunas de
estas provincias tienen que hacer un ajuste
salvaje en materia educativa donde, en vez de,
como estaba escrito en esa propuesta, reasignar
los recursos que se ganaran por un mejor uso
de los mismos a la propia educación,
simplemente van a reducir el déficit
fiscal. Son recursos que se han perdido para
la política educativa. Entonces yo creo
que tenemos que hacer un esfuerzo para entender
bien lo que decía Sarmiento de cuál
es la dificultad, por ejemplo, de tener una
buena política educativa y superar los
esquemas y recordar a Leopoldo Marechal cuando
en el libro Laberinto de Amor de 1936 decía
que de todos los laberintos se sale por arriba.
Yo les digo que, creo que en la medida en que
nos aferremos a recetas conocidas, la Argentina
no va a encontrar el camino. Tenemos que buscar
otras soluciones distintas. La Argentina hoy
aparece preocupantemente polarizada. No sólo
en lo social sino que aparece también
muy polarizada en lo ideológico. Yo no
sé si esto es tan bueno. Yo creo que
tenemos que hacer un esfuerzo por buscar caminos
distintos. A lo mejor el mío fue equivocado.
Habrá otros mejores, pero en todo caso
tenemos que seguirlos buscando. Por eso me parece
magnífica esta iniciativa de este Congreso,
porque estoy seguro de que de reflexiones como
ésta podrán surgir esos caminos.
Muchas gracias.
Claudio Lozano
La Argentina de la Convertibilidad
finalizó dejándonos a valores
de Octubre del 2001, 14 millones y medio de
personas bajo la línea de pobreza, 2.432.000
jefes de hogar pobres con menores a cargo, 850.000
jefes de hogar con menores a cargo en situación
de indigencia y 7 millones y algo de pibes menores
de 18 años en situación de pobreza.
En este marco, la opción adoptada posteriormente
por el gobierno actual, la opción buscada
por vía de la salida devaluacionista,
ha implicado y puesto en marcha una vez más
un nuevo proceso monumental de transferencia
de patrimonios y de ingresos hacia una cúpula
empresarial dominantemente con inserción
exportadora, dueña de activos financieros
en el exterior y está orientando o direccionando
el régimen económico argentino
por vía de la devaluación y el
ajuste inflacionario a una estrategia de recomposición
de la capacidad de pagos externos en articulación
con un supuesto acuerdo que nunca llega con
el Fondo Monetario Internacional.
En ese marco, lo que ha pasado en estos últimos
cuatro meses es que esto ha producido efectos
contundentes sobre el funcionamiento del mercado
laboral. Ha agravado todos los problemas que
teníamos y ha agregado nuevos. En realidad
tenemos destrucción récord en
materia de empleo, la Tasa de Desocupación
se calcula que anda en torno al 23%, se mantienen
las rebajas institucionales o las decisiones
empresarias de baja de salarios o de baja de
jubilaciones y por otra parte, por vía
del ajuste en materia inflacionaria, se está
produciendo una pulverización de los
ingresos en términos reales, que en la
práctica supone una caída no menor
al 20% en el curso de los últimos cuatro
meses y proyectado, si se mantiene esto, de
un 46% para finales de año.
En este contexto, y de acuerdo a los datos del
titular del INDEC, en realidad saltamos de esos
14 millones y medio que teníamos sobre
finales del régimen convertible a cerca
de 18 millones de personas bajo la línea
de pobreza en la actualidad. Si esto se mantiene
en estos términos, no sería inesperado
el hecho de que la Argentina finalice el año
2002 en 20 millones de personas en dicha situación.
Este es el cuadro que me parece que tenemos
que poner sobre la mesa cuando discutimos la
estrategia de articulación de políticas
sociales. Francamente cuando me invitaron a
participar de este Congreso primero tuve una
profunda satisfacción porque la verdad
es que suena muy importante discutir políticas
sociales porque se supone que estamos discutiendo
cómo ocuparnos de ese universo de la
pobreza tan mayúsculo que tiene hoy la
Argentina. Pero luego de esa sensación
favorable, en realidad en la práctica,
lo primero que uno tiene que tratar de transmitir
es que, efectivamente, lo que hoy estamos discutiendo
desborda absolutamente cualquier discusión
sobre el tema de la articulación de las
políticas sociales. Digo esto porque
siempre las políticas sociales tuvieron
que ver con instrumentos de política
pública que venían a agregar lo
que el mercado laboral en todo caso no proporcionaba.
Pero en un mercado laboral que supuestamente
funcionaba y era generador de ciudadanía.
Y en realidad lo que tenemos presente hoy, y
algo dijo Isuani, es que esto ya no es así.
Hoy ya no tenemos un mercado laboral que genere
ciudadanía, es más, tenemos un
mercado laboral en el cual incluso los que están
integrados en ese mercado laboral no logran
acceder a cuotas crecientes o razonables de
ciudadanía en este país.
Consecuentemente, ya no va más la idea
de pensar la política social como un
instrumento aparte de un movimiento general
de la sociedad que se supone que está
en forma, sino lo que está en debate
es el ordenamiento mismo que la sociedad tiene.
Eso es lo que está puesto en discusión.
Es lo único que le puede otorgar eficacia.
Y colocar esto en debate supone hacerse cargo
de que lo que está puesto en cuestión
en la Argentina de hoy es el tipo de matriz
distributiva que se ha afirmado en nuestro país
como consecuencia del régimen de endeudamiento,
desindustrialización, apertura general
de la economía en términos de
capitales y de producción y que se ha
puesto en marcha a partir de 1976 y que se profundizó
con la Convertibilidad y que sigue vigente hoy.
Esta matriz distributiva es lo que está
puesto en debate.
Y digo esto porque no hay posibilidad de discutir
con seriedad ninguna articulación expresa
de política social si no está
puesto en el centro la cuestión de la
distribución. Y digo la cuestión
de la distribución, que no remite solamente
al señalamiento empírico que uno
puede decir que efectivamente esta Argentina
que en 1975 tenía 22 millones de habitantes
y menos de 2 millones de pobres y que hoy tiene
37 millones de habitantes y casi 18 millones
de pobres. Es decir, en Argentina crecieron
más lo pobres que la población.
Esta Argentina, con este tipo de realidad, que
en realidad no se produjo este proceso de pauperización
en un contexto donde se cayeron todos.
Cuando uno mide la brecha de la desigualdad,
hay un crecimiento entre el más rico
y el más pobre de175% en el curso del
último cuarto de siglo y de más
del 73% en el curso de la última década.
Es decir, que la cuestión distributiva
está puesta en el centro de este debate.
En realidad cuando uno coloca el tema de la
matriz distributiva de lo que está hablando
es no solamente de este señalamiento
respecto de la brecha en materia de igualdad.
Estamos hablando del tipo de relación
salarial que existe en nuestro país,
del tipo de intervención fiscal y del
tipo de régimen monetario. Es decir,
de las tres condiciones que determinan el ordenamiento
socioeconómico de la Argentina. Eso es
lo que está puesto en cuestión
para pensar con seriedad una estrategia eficaz
en el campo social en nuestro país. Digo
esto porque, por lo menos desde la perspectiva
y en términos de opción teórica
pero también política, ubicar
esto implica decir que la Argentina tiene un
problema que no puede ser ubicado ni en términos
de la cuestión fiscal ni en términos
de la restricción externa. Argentina
es un país de profunda desigualdad que
combina extrema pobreza con extrema riqueza
y estancamiento estructural. Esa es la realidad
que tiene planteada la Argentina y en concreto
colocar la cuestión distributiva en el
centro significa decir que mantener este perfil
de distribución injusta del ingreso significa
asumir que tenemos una Argentina con un consumo
sostenido por los sectores de más altos
ingresos, consumo dominantemente importado,
y que por lo tanto, impacta en el tipo de perfil
productivo y desequilibra la Balanza de Pagos.
Mantener este perfil distributivo de carácter
injusto que tenemos hoy implica acuñar
y seguir sosteniendo prácticas empresariales
que son proclives a ganancias fáciles
que lo único que generan es especializaciones
degradadas en el comercio exterior. Consecuentemente,
presentar una matriz distributiva de este carácter
supone una inserción internacional defectuosa
que nos hace vulnerables y que nos obliga a
endeudarnos una y otra vez. Por lo tanto, el
tema del endeudamiento en la Argentina tiene
una cosa primera que hay que discutir y que
es cómo se altera la matriz distributiva.
La otra cuestión que hay que poner sobre
la mesa es que la cuestión fiscal también
tiene que ver con esto. Porque, efectivamente,
la matriz distributiva de carácter injusto
vigente supone deprimir al extremo los niveles
de demanda en el mercado local y comprime por
lo tanto los niveles de recaudación del
sector público obligándolo a una
estrategia de ajuste perpetuo.
Por lo tanto, también la cuestión
de la distribución es explicativa de
la cuestión fiscal. Por lo tanto, el
tema principal que debe debatir la Argentina
es si está dispuesta a modificar la matriz
distributiva que se ha acuñado en nuestro
país como consecuencia de la reestructuración
abierta a partir de la dictadura y aún
no resuelta.
En ese marco, nosotros creemos que plantear
la cuestión de la distribución
implica plantearnos que si la distribución
es más justa estamos apostando a una
economía donde existe un horizonte de
demanda efectiva que permita organizar un sistema
productivo mínimamente racional. Significa
discutir en serio el tema de la productividad
y de la competitividad que tanto nos plantean.
No hay productividad y competitividad futura
vulnerando el nivel de vida presente de la población.
Si hoy tenemos 8 millones de pibes bajo la línea
de pobreza la Argentina futura es una Argentina
menos productiva y menos competitiva.
Por lo tanto, hay que modificar en consonancia
con una estrategia sistémica de productividad
y de competitividad el patrón distributivo
actual. La cuestión distributiva implica
alterar la lógica de intervención
del patrón fiscal. Implica por lo tanto,
una atributación progresiva y un régimen
diferente de asignación del gasto. Implica
cuestionar y regular los comportamientos empresarios
proclives a ganancias fáciles por sobre-
explotación de la fuerza de trabajo o
apropiación monopólica de beneficios
o de recursos naturales.
En ese marco es donde uno puede discutir con
seriedad la posibilidad de una estrategia diferente
que combata la pobreza. Y lo que hay que decir
con claridad y, hay que hacerse cargo, es que
efectivamente si hay estos niveles de pobreza,
los que han minado las condiciones de posibilidad
del ordenamiento democrático en la Argentina,
son los que la han gestionado hasta hoy. La
verdadera verdad que tenemos que discutir es
que la amenaza sobre la institucionalidad democrática
tiene que ver con el tipo de régimen
que ha existido hasta hoy. Esto es lo que hay
que modificar.
En este marco, y desde esta perspectiva, planteando
por un lado, el límite que implica discutir
la política social y ubicando en el centro
la cuestión de la distribución,
nosotros creemos que cualquier estrategia social
implica primero, que tenemos que plantear una
política que intervenga en la dinámica
del mercado laboral garantizando una nivelación
hacia arriba de los ingresos existentes. Es
decir, hay que modificar un mercado laboral
que produce pobres. Un mercado con un nivel
de desempleo como el que tenemos hoy es un mercado
donde el trabajador ocupado es rehén
de las condiciones vigentes y que acepta cualquier
tipo de ingreso y de condición laboral.
Por lo tanto, hay que modificar esto. No hay
posibilidad de una política diferente
si no hay una intervención efectiva en
ese punto.
En segundo lugar, una política social
distinta supone privilegiar una estrategia que
recupere criterios de universalidad y que reniegue
de los criterios de focalización que
han venido recomendando las políticas
de los organismos internacionales.
Tercero, se requiere también que la política
social tenga en cuenta por lo tanto, como de
lo que se trata es de discutir cómo recomponemos
un nuevo lazo colectivo gestador de ciudadanía,
que es lo que falta, lo que está en debate
es el financiamiento de la política social
por como discusión del conjunto de la
sociedad. No se trata de un aspecto específico
y parcial. Eso es lo que esta puesto sobre la
discusión. Y por otro lado, esto hay
que hacerlo sobre la base de criterios, de construcción
de la política social sobre bases absolutamente
participativas. Por lo tanto, la política
social tiene que estar articulada con intervención
efectiva sobre el mercado laboral, tiene que
recuperar criterios de universalidad, tiene
que tener carácter participativo y requiere
un debate acerca del financiamiento en términos
generales y no específicos.
En este sentido, nosotros en dirección
a esto hemos venido planteando una propuesta
concreta en dirección a estos criterios
que estamos planteando. Nuestro objetivo es
poner como núcleo rector de la reversión
del proceso vigente una garantía de renta
mínima para el conjunto de los hogares
en la Argentina.
Hemos planteado en dirección a los puntos
que estoy señalando, en primer lugar;
un seguro que denominamos de Empleo y de Formación
y no un subsidio al desocupado, porque está
dirigido a intervenir restituyendo las condiciones
para participar de circuitos productivos o mejorar
la calificación laboral. Un seguro de
empleo para todos los jefes y jefas de hogar
desocupados. Pero el valor de ese seguro tiene
que permitirnos nivelar hacia arriba los ingresos
mínimos en el mercado laboral y no permitir
validar el comportamiento que deteriora y tira
hacia abajo el nivel de salarios.
En segundo lugar, hemos planteado la necesidad
de una asignación universal por hijo
para toda la población menor a 18 años
que se entregue contra chequeo sanitario durante
los primeros años de vida del pibe y
con participación en el ciclo escolar
durante el resto. Hemos planteado también,
la necesidad de una asignación universal
para todos los mayores de 60 y 65 años
que no tienen cobertura previsional.
Con esos tres instrumentos cuyos valores hay
que ponerlos en relación a garantizar
la canasta básica de pobreza es donde
nosotros ubicamos la posibilidad de plantear
un shock distributivo que ponga en marcha una
mayor demanda y abra un horizonte de recuperación
de la actividad productiva y el empleo en la
Argentina. Obviamente, esto implica asociar
los instrumentos de política social no
sólo en la intervención en el
mercado laboral sino en la restitución
de derechos elementales de ciudadanía
que son: empleo, salud, educación, previsión
y formación profesional. Esto obliga
necesariamente a discutir el tipo de intervención
del Estado en concreto sobre la operatoria específica,
atendiendo a la población más
castigada en esta situación.
Este tipo de planteo nosotros creemos que debe
inscribirse en una lógica de ordenamiento
de la sociedad subdividida en tres sectores.
Un sector que lo mencionaba Coraggio y en el
cual nosotros creemos que hay que poner todo
lo que implica la inversión del seguro
de Empleo y Formación, que es el circuito
de la economía popular. Un circuito donde
se articule planificación pública,
trabajo y resolución de necesidades,
como condición de reproducción.
Un segundo circuito que tiene que ver con la
gestión de la economía pública;
los presupuestos nacional, provincial y municipal,
en donde reivindicamos la necesidad de la experiencia
de presupuestos participativos como una estrategia
válida para poder asignar los recursos
como corresponde. En tercer lugar, una regulación
de la economía privada para redistribuir
la vigencia de las rentabilidades relativas,
de manera tal de hacer factible una estrategia
de reindustrialización en nuestro país.
Esos son tres criterios que estamos planteando.
Sabemos que esto tiene que ver primero con una
apuesta diferente al tipo de salida económica.
Nosotros estamos convencidos que la única
forma de reactivar hoy la economía es
apostando a una salida que recupere hoy el consumo
popular para garantizar un horizonte de demanda
diferente. Esto implica modificar los criterios
de la apertura comercial para que estén
en consonancia con una estrategia productiva
diferente e implica regular el fenómeno
de la concentración y la centralización
de capitales en la Argentina.
Obviamente, en términos fiscales implica
algunas cosas. Si hay más demanda y más
nivel de actividad hay más recaudación.
Parte de los recursos que supone lo que estoy
planteando implica en concreto la posibilidad
de autofinanciarse por vía de la expansión
de la demanda. En segundo lugar, hay un capítulo
muy largo en la Argentina para llevar a cabo
un reordenamiento tributario que eleve la capacidad
de recaudación sobre presión de
aquellos sectores que tienen capacidad contributiva.
Y hay que reintegrar el sistema de políticas
sociales con carácter nacional dirigido
en función del objetivo del combate de
la desocupación y la pobreza que no reconoce
jurisdicciones y que debe ser asumido de manera
conjunta por las distintas instancias del aparato
estatal. Obviamente, esto implica un enfoque
diferente en términos de enfoque económico
y un enfoque diferente en términos de
manejo de la coyuntura. Esto no se puede hacer
en el marco de la flotación cambiaria
y del proceso de dolarización efectivo
que vive la economía Argentina, sin reconstrucción
de su patrón monetario y sin modificar
buena parte de lo que es el enfoque de coyuntura.
Y en concreto en términos de políticas
sociales supone la reasignación de los
planes vigentes y supone un cambio conceptual
que repudie las políticas de focalización,
entendiendo que no se puede en el marco actual
seguir discriminando al interior de los pobres
y que hay que restituir condiciones de universalidad
en la intervención que se tenga sobre
estos sectores.
En ese marco, esta propuesta nosotros además
de plantearla, discutirla y conversarla con
muchos amigos, tratamos de que no fuera simplemente
una propuesta técnica. La pusimos en
debate con el conjunto de la sociedad. Realizamos
una consulta popular en Diciembre del año
pasado. Hubo 3.200.000 personas que bancaron
esta propuesta. Fuimos a ver al gobierno actual
planteándole la propuesta y el consenso
para llevarla a cabo. La propuesta que el gobierno
terminó realizando es una propuesta conceptualmente
equivocada porque establece una asociación
indebida entre desocupación y pobreza.
No todos los pobres son desocupados ni todos
los desocupados son pobres. Si la intervención
sobre el jefe de hogar no levanta el piso del
salario mínimo en la Argentina está
convalidando con los U$S 40 de los $150, la
degradación y el deterioro de las condiciones
laborales y salariales en la Argentina. Nosotros
planteamos que esta propuesta no tiene universalidad
porque no llega a cubrir siquiera hoy la mitad
de los jefes de hogar pobres que teníamos
en Octubre del año pasado y mucho menos
respecto de lo que tenemos hoy.
Tampoco es distributiva porque está inscripta
en una estrategia que termina generándonos
cerca de 5 millones de pobres más cuando
estamos asignando un millón de subsidios.
Por otra parte además, abre el juego
demasiado para que se den procesos de fraude
laboral, más allá de las cuestiones
de negocios que planteaba Coraggio adecuadamente.
En este sentido, nosotros seguimos insistiendo
que tiene sentido que la Argentina plantee como
utopía de construcción de una
nueva política la idea de ningún
hogar pobre. Eso sigue siendo válido
y absolutamente efectivo. Vamos a seguir insistiendo
en esa propuesta. Insistimos ayer con una jornada
de paro y movilización en todo el país
y vamos a insistir planteándole a este
gobierno que no acepte el tipo de acuerdo que
esta discutiendo con el Fondo porque no hay
ninguna posibilidad de plantear una política
social en ese marco. Vamos a plantearle que
exista una consulta al pueblo argentino respecto
a que si estas condiciones de impunidad para
los delitos económicos, mayor extranjerización
de la economía, mayor profundización
de la recesión y absorber deuda pública
para cubrir el patrimonio de los bancos es lo
que los argentinos consideramos que hay que
hacer para salir de la situación en que
estamos. SI el gobierno no consulta vamos a
consultar nosotros y va a haber millones planteando
que este no es el camino que hay que tener.
Para terminar, digo que acá se requiere
correr la anteojera que planteó el neoliberalismo
en la Argentina. La economía no es una
ciencia natural sujeta a leyes como la naturaleza.
En realidad la economía es parte de la
discusión social, es parte del debate
acerca de cómo se distribuye el poder
en la sociedad y por eso hacer otra economía
implica otra política y otra cultura.

Eduardo Amadeo
Quiero agradecer
como presidente de la Asociación a los
panelistas que nos han dado una perspectiva
que ha enriquecido muchísimo nuestra
perspectiva inicial. Esto es, que podíamos
trabajar alrededor de la idea de articulación
y que si vamos a tener una mirada integradora,
superadora y efectiva de lo social tenemos que
pensar no solamente en términos de articulación
sino también de complementación
y de conflicto. En particular, en un momento
en el que estamos con una perspectiva de transformación
profunda de los paradigmas sobre los que estuvimos
trabajando durante todos estos tiempos. Pasar
del paradigma de la focalización basada
en una hipótesis errónea del funcionamiento
de la economía, a una perspectiva de
universalización que tenga como sustento
la ciudadanía y los derechos como base
de aproximación a las necesidades, implica
un esfuerzo de análisis muy profundo
que lleva no solamente al tema propiamente social
sino también al tema económico
y al tema de la distribución de las relaciones
de poder en la sociedad.
Este primer panel y la intervención de
José Antonio Ocampo nos han abierto mucho
y de manera muy enriquecedora el campo del análisis.
Yo pensaba analizar tres temas pero uno de ellos
ha quedado subsumido, en particular en la intervención
del Dr. Ocampo y de alguna de las personas que
me precedieron, y que tenía que ver con
articulaciones y conflictos entre lo económico
y lo social. Comparto absolutamente el planteo
del Dr. Ocampo respecto del problema que hemos
tenido acerca de la primacía excluyente
del pensamiento único de la economía
con respecto a lo social. Simplemente quisiera
agregar dos temas. El primero es que dentro
de este planteo general que ha sido hecho es
necesario que avancemos mucho en la elaboración
de algunos temas que no están para nada
resueltos y que sí pueden formularse
pero no contestarse como el tema de la implicancia
de la relación capital-trabajo.
El tema del tamaño de la empresa, esto
es, del lugar del diverso tipo de empresas en
relación a la estructura del mercado
de trabajo.
La cuestión de la inestabilidad. Hemos
aprendido en este decenio que los pobres son
afectados diferencialmente por los ciclos, son
los primeros en salir del mercado de trabajo
y los últimos en volver a entrar; el
tema de algunos precios relativos dentro de
la economía.
El precio relativo de los bienes-salarios, el
problema de los bienes nacionales y los bienes
importados.
La cuestión del financiamiento del gasto
que no admite pensamientos demasiados simples
y directos. Hay que tener cuidado con no tomar
en cuenta el financiamiento inflacionario del
gasto y su impacto sobre la pobreza y el problema
del endeudamiento que tiene efectos intertemporales,
esto es, cae sobre las próximas generaciones
de manera muy brutal.
El tema de los modelos de ahorro y jubilación
que deben combinar adecuadamente la seguridad
del ahorro individual con el componente universal
y no convertirse en elementos excluyentes y
establecer un difícil equilibrio entre
la decisión política del área
económica y el área social que
debe incluir sistemas de alerta temprano. No
tenemos en nuestra estructura institucional
los mismos sistemas de alerta temprana para
saber de qué manera la economía
está pegando a los aspectos sociales,
porqué y cómo, como lo tenemos
para el análisis del nivel de precios,
los componentes en general de la contabilidad
nacional. Estos son temas teóricos y
prácticos a resolver que son bien importantes
y sobre los cuales hemos aprendido en la última
década.
El segundo tema que quería tocar tiene
que ver con la cuestión de las políticas
universales y las políticas focalizadas.
No cabe ninguna duda de que frente a la extensión
de la pobreza, pero sobre todo frente a algo
que planteó el Dr. Ocampo y que es un
fenómeno nuevo, dado la brutalidad del
cambio tecnológico, que es la no reversibilidad
de la desocupación. Esto es, que el hecho
que las personas que salen del mercado de trabajo
debido a cambios tecnológicos muy profundos,
o no vuelven al mercado de trabajo o vuelven
en condiciones de trabajo degradadas con respecto
a su situación anterior. Es necesario,
entonces, adoptar plenamente políticas
universales.
El tema de las políticas universales
merece por lo menos dos reflexiones. La primera
es si es que las políticas universales
como se está planteando, el ingreso de
desarrollo humano, los ingresos de exclusión,
anulan absolutamente todas las demás
intervenciones. Hay algunos autores en la Argentina
que, planteando con mucha fuerza que la política
focalizada era una política de degradación,
plantean también que es necesario subsumir
todos los demás programas y hacer solamente
programas universales. Yo creo que el tema no
es así. No todas las personas tienen
las mismas posibilidades de convertir oportunidades
en logros, que las historias de pobreza de las
comunidades son diferentes y que uno no puede
tener una mirada homogénea de la sociedad
como si toda la sociedad fuera unívoca
en términos de su capacidad de procesar
sus situaciones y sus historias de pobreza.
Por lo tanto, la contradicción absoluta
entre política universal y política
focalizada me parece que debe ser repensada.
¿Cómo trabajar sino los problemas
propios de la adolescencia pobre y empobrecida?
¿Cómo trabajar los problemas de
las diferentes posibilidades de inserción
en el mercado laboral que las personas tienen?
¿Cómo trabajar las especificidades
de las comunidades? ¿Cómo lograr
desarrollos comunitarios que potencien el desarrollo
de las personas si miramos a la sociedad con
una mirada plana?
Entonces, cualquiera que sea el valor del aporte
o del ingreso de desarrollo humano yo creo que
tenemos que pensar seriamente si es necesario,
es viable y es deseable la desaparición
de cualquier mirada focalizada sobre casos puntuales
que tienen que ver con la pobreza.
Respecto de este tema, y bien lo planteó
Lozano recién, el tema de los ingresos
de desarrollo humano requieren un esfuerzo extraordinario
desde el punto de vista de la administración
de los recursos para asegurar contraprestación
y programas de inclusión. Hay una tendencia
muy definida en la administración de
las políticas sociales a revalorizar
el concepto de contraprestación
social, esto es, multiplicar el impacto
de la asignación del desarrollo humano
en términos de educación, de salud,
del desarrollo de tareas comunitarias, para
que las personas puedan potenciarse y no limitarse
a partir del ingreso de desarrollo humano.
Finalmente, hay una discusión más
profunda y más crítica que tiene
que ver con qué cosas hay que modificar
en la política fiscal, qué impactos
tienen la políticas de desarrollo integral
sobre otras variables de la economía
que hagan pasible y viable esta integración.
El otro tema que creo que es importante y que
ha sido mencionado por el Dr. Coraggio y aquí
sí vale bien la palabra articulación
entre los diversos niveles del Estado en la
Argentina en lo que hace a la aplicación
específica de políticas sociales.
Todos los que trabajan en terreno sienten cotidianamente
que el sistema de políticas sociales
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