Primer Congreso de Políticas Sociales
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Las Políticas Sociales sobre el tapete

 

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Durante dos días más de mil personas respondieron a la convocatoria de la Asociación Argentina de Políticas Sociales y la Universidad Nacional de Quilmes atraídos por el tema "Estrategias de articulación de planes, programas y proyectos sociales en Argentina" en el marco del Primer Congreso Nacional de Políticas Sociales.


La Universidad Nacional de Quilmes se vio colmada de un público sumamente heterogéneo: profesores e investigadores, estudiantes universitarios de grado y postgrado, trabajadores sociales, docentes, miembros de organizaciones comunitarias, empleados de las áreas de acción social del gobierno nacional, provincial y municipal, y algún otro interesado en este campo tan amplio y diverso de las Políticas Sociales.

Los organizadores del Congreso se habían propuesto generar un espacio de intercambio de ideas y experiencias, abierto y plural, al plantear los objetivos de este evento pero las expectativas fueron desbordadas; la necesidad de este espacio de encuentro entre actores diversos resultó ser mayor a la esperada. A último momento hubo que acondicionar el gimnasio de la Universidad Nacional de Quilmes, ya que más de 1500 personas se habían preinscripto a través de su sito en internet.

El día de la apertura el salón desbordaba de gente y, lejos de lo que alguien pudiera imaginar, el clima reinante era de entusiasmo, prevalecían las ganas de trabajar y de aprender, al servicio de la dramática situación que vive gran parte de nuestra población. El rector de la Universidad, Ing. Julio Villar y Eduardo Amadeo, presidente de la Asociación Argentina de Políticas Sociales abrieron el Congreso. Este último destacó "que lo que distingue a la política social como campo es la concentración en el hacer. A diferencia de otros ámbitos, su razón de ser, nace de nuestra capacidad de transformar la realidad. Para ello se requiere ineludiblemente una base académica sólida, pero no puede prescindirse de la experiencia de los que trabajan en terreno y la voz de los actores sociales que dan sentido a estas acciones. La complejidad es un mérito imprescindible para lo social: requiere una perspectiva tan múltiple y compleja, cuanto complejas son las razones y los procesos que conducen a la exclusión y la inequidad; y cuanto diversas son las situaciones personales y comunitarias que se dan en la pobreza"

La Conferencia Inaugural estuvo a cargo de José Antonio Ocampo, secretario ejecutivo de la CEPAL (Comisión Economica para Amérca Latina) quién sostuvo que era urgente articular la política económica con la política social, incluso estableciendo mecanismos para darle “visibilidad” a las consecuencias sociales de las decisiones que se toman en la esfera económica. Enfatizó la relevancia del tema educativo y señaló que América Latina debe proponerse metas educativas muy ambiciosas, tanto en cantidad de años de escolaridad de la población como en la calidad de los contenidos. El estancamiento en esta materia, en comparación con los países más desarrollados y los países del sudeste asiático, se verifica en las estadísticas de toda América Latina, y en particular en Argentina. Esta es una de las causas de que el empleo se haya vuelto una de las preocupaciones centrales en materia de política social: la velocidad de transformación de los requerimientos de las áreas productivas ha sido mayor que la de la capacitación de la fuerza de trabajo. Este es un fenómeno que se ha dado en otras partes del mundo, pero se ha acentuado en América Latina. A esto se agrega que el sistema económico no ha sido capaz de generar empleo en cantidad y calidad suficientes, no sólo por el lento crecimiento del PBI, sino que aún en periodos de recuperación, la tasa de desempleo abierto se ha mantenido en niveles altos. Muchos empleos que se han generado en los últimos años son de baja calidad laboral, empleo informal, sin cobertura de seguridad social e intermitentes en cuanto a su estabilidad.

Otro elemento que también se ha generalizado es el aumento de la brecha diferencial de los ingresos por la calificación de la fuerza de trabajo, fenómeno que también se está dando en el mundo más desarrollado. Se observa un creciente dualismo en las economías de la región, hay una modernización intensiva que se ha dado en los sectores que tienen que ver con el comercio internacional y la inversión extranjera directa, pero paralelamente hay una proporción creciente de la población que se queda rezagada, sin posibilidades de empleo. Esta, que era una característica del subdesarrollo comentada por la bibliografía en los años sesenta y setenta, ha tendido a acentuarse en los últimos veinte años generando tensiones distributivas adicionales a los viejos problemas de América Latina. Es preciso lograr mayores encadenamientos entre amos sectores. Al lado de esto ha habido también transformaciones importantes en la forma de concebir y hacer las Políticas Sociales; ha habido nuevos paradigmas: la visión de la focalización, de la descentralización, de la participación privada en la provisión de servicios sociales, etc. Lo que ha quedado claro en estos últimos años es que la Política Social ha sido incapaz de compensar los efectos negativos de las Políticas Económicas, aún más, los rezagos sociales, la falta de respuesta a los problemas sociales, se pueden estar convirtiendo en un gran escollo al crecimiento económico; concretamente es la característica del déficit educacional que se señalaba anteriormente, como también los crecientes problemas de cohesión social que pueden estar afectando la gobernabilidad y la estabilidad de la democracia. La Política Social, concluyó Ocampo, debe dar un verdadero salto cualitativo para responder a las realidades de hoy, y para ello debe tener en cuenta tres puntos básicos: garantizar el acceso de recursos a los más pobres , ya sea educación, créditos para microemprendimientos o tierras según los casos; crear una red de protección que preserve a los más pobres de la volatilidad macroeconómica que daña sus activos tanto humanos como materiales; generar mecanismos que den “voz” o capacidad de expresión política a los más pobres.

Le siguió luego una mesa sumamente polémica, que había sido pensada seis meses antes del Congreso, sin imaginar que el cambio en el escenario político radicalizaría de alguna manera la diversidad de opiniones buscada para el panel. Debatieron Eduardo Amadeo, Secretario de Desarrollo Social durante el gobierno de Menem y actualmente vocero presidencial; Aldo Isuani, que ocupó una de las secretarías del Ministerio de Desarrollo Social durante el gobierno de De la Rua; Juan José Llach, Secretario de Hacienda durante la gestión de Menen y Cavallo; Claudio Lozano economista de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y del Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO) y José Luis Coraggio, rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento. El nivel de las cinco exposiciones fue muy bueno y las preguntas del público llegaron en tal cantidad que los panelistas se comprometieron a dejar sus mails para satisfacer las inquietudes de los asistentes. Sería dificil resumir lo que aportó cada uno, dada la riqueza que implica generar un debate entre especialistas comprometidos con el tema social y con miradas diversas sobre una misma realidad. Habrá que esperar que las exposiciones sean desgrabadas y subidas a la página del Congreso que seguirá abierta para seguir dando lugar al intercambio.

Las sesiones plenarias se combinaron con cinco bloques de paneles simultáneos en donde se expusieron los 140 trabajos de investigación e informes de experiencias en el campo de las Políticas Sociales. Como en otros Congresos la calidad de estas ponencias fue variable, pero el público trabajó intensamente los dos días. Complementariamente se creó un espacio denominado “Feria de Planes, Programas y Proyectos Sociales” donde organizaciones de la comunidad pudieran mostrar, a través de carteleras, videos u otros medios, la forma en que estaban trabajando. El SIEMPRO, el CENOC y el SINTYS participaron dando a conocer sus programas.

El plato fuerte del día viernes fue la videoconferencia de Gösta Sping Andersen, especialista europeo en temas de Estado de Bienestar, desde Barcelona. Señaló que en los países europeos hay una gran preocupación en el ámbito de las Políticas Sociales, ya que la estructura de riesgos sociales ha ido cambiando y la sociedad, tanto desde el Estado como desde otras instituciones, no ha sabido responder a estos cambios, lo que ha generado fuertes desequilibrios. Los temas que se discuten hoy están vinculados al envejecimiento de la población y al cambio en las decisiones de las mujeres en cuanto a trabajar/procrear/atender a la familia. Esto implica para las Políticas Sociales prever cómo afrontar el desequilibrio en los gastos previsionales y proveer mecanismos que hagan compatible el trabajo y la carga familiar. Consideró de suma importancia dar prioridad a la inversión en niños ya que en el futuro se requerirán altos niveles congnitivos y de escolarización para mantenerse dentro del mercado de trabajo/obtener buenos ingresos.

Al plantear los problemas europeos surgió entre el público una pregunta lógica: si estos son los problemas en los países ricos ¿qué nos espera a nosotros que somos pobres? Sping Andersen, disculpándose por no conocer a fondo la problemática argentina, planteó claramente que el problema de los regímenes jubilatorios era muy distinto en Europa que en América Latina, ya que ésta no tenía problemas de envejecimiento de la población, pero sí problemas de evasión de uso indebido de los fondos ahorrados. Señaló que muchas veces las reformas a los sistemas de pensiones en Latinoamérica habían tenido como objetivo generar ahorro interno, pero, si bien era un objetivo válido, no era apropiado el instrumento. Respecto al trabajo de la mujer enfatizó que el aumento de la participación femenina en el mercado de trabajo era una manera de reducir la pobreza, y que para ello era fundamental invertir en guarderías, dado que no sólo colaboran con la madre sino que estimulan el desarrollo del niño. Admitió que en los países donde las ley prevee mayores beneficios para las madres –por ejemplo en Suecia- es donde hay una mayor discriminación laboral por sexo: las mujeres se concentran en los empleos “blandos” –educación, salud, empleos públicos- mientras que los varones asumen las ocupaciones más competitivas vinculadas al comercio internacional.

 


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