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La Política
Social tradicional se ha visto desbordada por
los altos índices de desemplo y pobreza.
Desde distintos ángulos se plantea cuál
es la posibilidad de intervenir en materia social
para dar respuesta a la crítica situación
que se vive hoy. Estos temas se discutieron
en el Primer Congreso de Políticas Sociales.
Las
Políticas Sociales fueron concebidas
para garantizar a los ciudadanos la igualdad
de oportunidades.
Básicamente debían proveer los
servicios básicos para que las personas
consideradas activas pudieran ingresar al mercado
de trabajo. Sus áreas de competencia
tradicional eran salud y educación, ya
que el empleo estable del jefe de hogar ponía
a disposición de la familia otros bienes,
como el crédito para la vivienda propia,
las facilidades vacacionales, las previsiones
para la vejez e incluso la representación
política a través de los sindicatos.
Si bien había algunos problemas, ya sea
por la baja remuneración de algunos trabajadores,
ya porque había empleos "en negro",
ya porque había bolsones de pobreza,
estas eran cuestiones "marginales",
acotadas en cantidad y sin llegar a proporciones
significativas, no afectaban un sistema que
tenía un dinamismo inclusivo y ofrecía
un sendero de progreso en el marco de una vida
de trabajo del jefe de familia acompañado
por un cónyuge que se ocupaba de los
hijos y los ancianos.
Pero esta caracterización se ha hecho
añicos en los últimos veinte años
y muchos creen que no será posible recuperarla.
Hay que repensar las Políticas Sociales
en un marco de alto desempleo, de inestabilidad
y precariedad laboral, deterioro real de las
remuneraciones en determinados empleos, aumento
de las desigualdades en función de los
requerimientos educativos, presión excesiva
sobre los sistemas de salud, cambio en los roles
familiares restricción fiscal, déficit
de los regímenes previsionales, y otra
serie de fenómenos que hacen a este cambio
de época.
Preocupados por
esta situación un grupo de especialistas
crearon, en el año 2000, la Asociación
Argentina de Políticas Sociales para
buscar respuestas concretas a partir de la discusión
abierta a la pluralidad de ideas y propiciando
el intercambio entre el pensamiento y la experiencia.
Ellos convocaron la semana pasada al Primer
Congreso Nacional de Políticas Sociales,
que se realizó en la Universidad Nacional
de Quilmes. Durante dos días un público
numeroso - más de 1500 personas- de distinta
extracción social o política,
con distintos niveles académicos, con
experiencias diversas, llegados desde diferentes
lugares se reunieron con el interés común
de participar de las sesiones de trabajo en
un clima de gran compromiso con la temática
elegida "Estrategias
de articulación de políticas,
programas y proyectos sociales en Argentina"
Difícil resumir en pocas líneas
los aportes del Congreso, ya que hubo presentaciones
de muy buen nivel, pero sobre todo porque su
repercusión apenas ha comenzado ya que
los participantes se llevan para madurar no
sólo las ideas vertidas en las conferencias
plenarias sino la riqueza del debate entre el
pensamiento y la experiencia en las 35 sesiones
simultáneas donde se abordó y
discutió la temática propuesta
desde distintos ángulos.
Algunas cuestiones que quedaron en el tapete.
Tanto Eduardo Amadeo como Aldo Neri, presidente
y vicepresidente de la AAPS, enfatizaron que
no debe perderse el ideal de universalidad de
las Políticas Sociales, es decir los
derechos sociales deben ser garantizados a toda
la población, pero cada vez es más
necesario incluir criterios de selectividad/focalización
para atender situaciones con características
muy particulares de grupos poblacionales bien
definidos -por ejemplo pobreza extrema, niñez
y adolescencia, adictos- . José Antonio
Ocampo, secretario ejecutivo de la CEPAL, destacó
la necesidad de una
mayor articulación entre la Política
Económica
y la Política
Social, ya que, de no darse una ligazón
explícita y visible, esta
última es ineficaz para corregir los
daños que ocasiona la primera. Puntualizó
tres criterios prioritarios: garantizar el acceso
de recursos básicos,
ya sea educación, microcréditos
o tierras; generar mecanismos que den voz y
participación a los más pobres;
crear redes de protección social que
evite daños irreparables en la fase descendente
del ciclo económico.
Fueron muy interesantes los conceptos vertidos
por Gösta Sping Andersen, especialista
europeo en temas de Estado de Bienestar, presente
a través de una Videoconferencia. Puso
de relieve la repercusión en las Políticas
Sociales de la decisión de las mujeres
de trabajar: la baja en la tasa de natalidad
(consecuentemente envejecimiento de la población)
y una mayor demanda por servicios sociales para
la atención de niños y ancianos.
Sin embargo valoró
el empleo femenino y señaló que
una de los objetivos de la Política Social
debía ser el facilitar la compatibilidad
entre trabajo y familia,
ya que habíamos dejado atrás la
época de oro, en la cual un solo salario
alcanzaba para toda la familia. En cuanto a
prioridades remarcó la necesidad de invertir
en niños, no sólo para colaborar
con las madres en su cuidado sino porque les
esperaba un mundo futuro muy competitivo en
el cual había que estar muy capacitado
para poder generar ingresos.
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